LA
DIGNIDAD DE LO PÚBLICO
Es
un contrasentido estar viendo cómo el gobierno desarrolla con más aciertos que
errores su poder ejecutivo en la defensa de la dignidad del conjunto de los
ciudadanos mientras un sector de éstos pierde la suya abucheando e insultando
sin el menor pudor al presidente.
La
dignidad de las personas y de una sociedad se mide por su carácter íntegro nato
como entes con alma, pero también, en un régimen democrático, por la aplicación
de los derechos conquistados por sus leyes en materias de Salud, Educación,
Dependencia, Trabajo o Cultura y, ante todo, en el propio y libre ejercicio de
la expresión y la palabra. Resulta vejatorio para la imagen del país la
coreografía del insulto y el desprecio, la humillación que se vuelve y degrada
inmediatamente a quienes así se expresan y en ello a la nación que es su casa y
su soporte. Si la Salud Pública con excelentes parámetros internacionales está
protegiendo del padecimiento de enfermedades, retrasando con la mejor atención
el final de la vida cuando el mal es incurable o ayudando a morir sin
sufrimiento y dignamente; si la Educación Pública está formando a los alumnos
en el aprendizaje de un modelo universal para tener personas preparadas en los
distintos campos del saber y promoviendo en las mismas aulas el respeto entre
los compañeros; si las personas mayores o las que padecen discapacidad pueden
optar a ayudas de los servicios sociales y ven reducidas o eliminadas barreras de
forma que se sostengan e incluso se impulsen sus capacidades de vida; si el
mundo laboral aumenta su campo de ofertas y proteje a los trabajadores; si la
Cultura recibe los apoyos y reconocimientos que la creatividad artística o
literaria merecen, y si en todo momento se fomenta el desarrollo de asociaciones
que se sustentan con una expresión común y participan del crecimiento cultural,
¿por qué luego hay colectivos que, viviendo durante ya medio siglo en el mismo
sistema formidable de fomento de la dignidad y el respeto, arrojan su persona a
grito pelado al fango de la descalificación y propulsan esa imagen a un país
que es suyo y los proteje? Cuando los ánimos ciegos, ébrios de sombra,
borrachos de bochorno de una parte de la sociedad se vencen con desprecio a la
nobleza del conjunto, la negrura del propio individuo y del solar patrio crean
la peor de las visiones, y quizás de las esperanzas, mientras la mayoria está contribuyendo
con esfuerzo, respeto y brillantez a la certeza de la dignidad.
Isabel
Villalta Villalta
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