Fallece Manuel Villalta Villalta, agricultor manchego de Membrilla
Manuel Villalta Villalta en Carcasona, Francia, en 2007, junto a una estela de homenaje a los republicanos españoles
El pasado viernes 27 de marzo de 2026 entró en la fase final de su vida Manuel Villalta Villalta, mi hermano, mi único y querido hermano, para fallecer el día siguiente, sábado 28 de un mes de casi insuperable carga emocional por las diversas coincidencias de responsabilidad y preocupación en las actividades de la familia.
Manuel
nació en Membrilla, Ciudad Real, el 17 de noviembre de 1952, segundo hijo de
Mateo Villalta Arias, agricultor de tradición familiar y raza desde
generaciones y con mucho afán por saber, lector de enciclopedias, series
culturales y periódicos, y de Rosa Villalta de la Torre, ama de casa de padre
herrero y abuelos y tíos molineros, mujer con brillantes capacidades naturales sabiendo
hacer casi de todo, desde enjalbegar su casa hasta los antepechos, coser y confeccionar prendas como primorosa modista o arreglar instalaciones de la
electricidad doméstica, a poner inyecciones y asistir partos. Una joven familia
trabajadora con las garantías de la superación que necesitaba el país desde la
tierra manchega en un tiempo de posguerra que tanto se alargó, y en el que ambos
progenitores, convencidos de que la situación general de enorme retraso en el
país y su aún pequeño recurso de mantenimiento económico en su querida tierra
de cuna, les exigía un esfuerzo casi de héroes.
Manuel,
pese al mediano potencial productivo de las casas de los abuelos pero donde
había muchos hijos, fue uno de esos niños y jóvenes de las dos generaciones de
españoles de la primera posguerra que crecieron entre las generales penurias,
atónitos, a los que convirtieron en trabajadores y responsables de tareas de
adultos desde la edad de los juegos infantiles, y en cuyas manos un caramelo
era un dulce increíble.
Manuel
Villalta fue un niño de unas dotes intelectuales que superaban la media o normalidad
en criaturas de su edad; con 3 años y medio, su primera maestra doña
Vicen le dijo a nuestra madre, “mire, señora Rosa, este niño ve crecer la hierba”.
Tanto aprendió hasta sus 9 / 10 años, que, como ocurría con la mayoría de los hijos
de labradores, nuestro padre empezó a llevarlo con él al campo para que aprendiera
a poder la viña o el manejo del carruaje y los aperos y sentir, no solo la presencia más cercana de su hijo, sino su garante compañía
de sucesión en los legados de la tierra; todo esto, también, cuando la
naturaleza del niño venía desarrollándose de forma algo enfermiza debido a una
grave caída que sufrió a los 4 años, así como a las carencias
sanitarias del duro y prolongado instante histórico, y salir al campo
revitalizó su salud y sus fuerzas, lo que empezó, con mucho sacrificio y estupefacción
personal, a ir convirtiéndolo en un experto en el oficio que la tradición y los
tiempos le habían encomendado.
Adolescente y joven con ímpetu y su gran talento nato, asistió durante diez años a los cursos del Plantel que, en Membrilla como en otros lugares de regiones agrícolas de España, se instauraron como potencial de aprendizaje acerca de la transformación del sector, con clases nocturnas diarias, donde se enseñaba a los alumnos las técnicas de regadío de la Reforma Agraria de la dictadura, así como materias de cultura general. En todo este menester formativo, Manuel viajó con monitores y compañeros a clases de demostración y conocimiento de nuevas instalaciones agrícolas a diversas regiones, como las de la vega del Guadiana en la provincia de Badajoz, zonas de regadío en las explotaciones agrícolas de Cádiz o Málaga o bodegas y viñedos en la Rioja. Ávido por saber, sin dejar su formación práctica diaria en el campo en la explotación familiar, la que empezó a crecer cuando nuestro padre, tras recibir la pequeña herencia familiar se hizo agricultor autónomo afiliado a la Seguridad Social y, con valentía, empezó a adquirir parcelas o pequeñas fincas bajo préstamo bancario, aumentando la productividad y los ingresos, contribuyendo Manuel con su trabajo a los ingresos de nuestra casa, al mismo tiempo estudió durante otro año un curso igualmente reglado de Cultura General en el Instituto INTER de Barcelona, seguido por correspondencia. Su dedicación y resultados académicos fueron admirados por sus profesores, recibiendo calificación de Sobresaliente. Del mismo modo asistía a clases presenciales nocturnas de pregrado medio en las escuelas nacionales de Membrilla, impartidas por el excelente maestro de grado preparatorio a Estudios Secundarios don Policronio Fernández.
La
apasionada entrega al crecimiento y beneficios de la hacienda familiar, en
tiempos ya del remonte definitivamente esperanzador del progreso entre el final
de la dictadura y las aperturas democráticas en el país, y disuelto formalmente
el Sindicato Vertical en 1977, empujaron responsablemente a Manuel a hacerse
sindicalista de UGT, defensor del sector agrario y de los derechos de los
trabajadores, y a adquirir numerosos cursos de diversa formación agrícola por
medio de la Agrupación. Su empuje y enormes capacidades lo llevaron a ser
Secretario de Organización y Administración de UPA / UGT durante varios años,
así como a presidir en algunas ocasiones el Comité Federal. Fue un tiempo decisivo y de notable
crecimiento en el desarrollo de su profesionalidad y el aumento de su
explotación, debido especialmente al ingreso de España en 1986 en la Unión Europea, la derivada transformación del sector y las ayudas de la PAC, que impulsaron en él la adquisición de más tierras, maquinaria potente de última tecnología y la optimación de las instalaciones.
Entretanto, Manuel Villalta participó igualmente en la política local de la Democracia por el PSOE, desempeñando el cargo de concejal durante una de las primeras legislaturas, en los años ochenta; momento en el que, con su honestidad y deseos de superación de la historia, exigía en quienes en el ayuntamiento seguían anclados en la parálisis de la etapa anterior y, en su caso, ostentaba el máximo cargo, compromiso firme e ideas democráticas de trabajo transformador y avance en beneficio del municipio, especialmente cuando se observaban irresponsables y prolongados absentismos en el desempeño de las funciones, postura apasionada que le ocasionó problemas y rechazos.
De formidable ímpetu cultural, lector, entre grandes obras de
la literatura universal, de la revista Historia y Vida desde su
fundación en 1968, donde ha venido sumando a su talento observador y capacidad
de entendimiento el conocimiento de la historia y el arte, hasta reunir mes
tras mes una enorme biblioteca y hemeroteca en la casa, fue miembro del Grupo
de Teatro Alborada de Membrilla. En esta dedicación dramatúrgica,
también durante muchos años, interpretó papeles magistrales en una treintena de
obras de teatro como La herida luminosa, de José María de Sagarra, Historia
de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, El galán de La Membrilla,
de Lope de Vega, La casa de las chivas, de Jaime Salom, o una adaptación
divertida de María Fernández. En esta entrega socializadora y cultural de
nuestro pueblo tuvo compañeros y compañeras como Trini Villalta, Sandalio
Morales, José Crespo, Teodora Villalta, Gabriel Campesino, Pepe Sánchez-Prieto, Pepe Villalta, Cati Contreras, Joaquina Villalta y una larga lista de actores aficionados más en
el elenco ilusionado y de estupenda interpretación. Estos montajes teatrales, en los que esta que escribe también colaboró en la realización de los decorados o como apuntadora, se
representaban en Membrilla y también, algunos de ellos, en localidades vecinas como
La Solana y Manzanares.
Viajero
para entender el mundo y la historia, Manuel no solo ha recorrido la práctica
totalidad de las regiones de España, incluidos los archipiélagos de las
Canarias y Baleares, sino también Europa y América del Sur. Empezó desde muy
joven con uno de nuestros primos, Hipólito Antonio Villalta, aventureros visitando
en su coche varios lugares, entre ellos el sur de Francia y Andorra y
reconociendo la geografía y la población de España en los desplazamientos, conservando los dos
memorables anécdotas; asimismo con uno de sus buenos amigos, Juan Romero, cuando
con la necesidad de conocer la nueva Europa tras la anexión de España a
la UE, con ocasión de la implantación de la moneda Euro en 2001 recorrieron
numerosos países, Francia, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Austria, Italia…
Asimismo, desde los comienzos de su actividad como empresario autónomo agrícola, además de desarrollar numerosos negocios relacionados, viajó por invitación de las casas de proveedores, semillas, fertilizantes y plantas en su filiación con SYNGENTA, INGEO o INDAGSA, a conocer explotaciones agrícolas en
Argentina, Chile, Brasil, Marruecos o Bélgica. Muchos de los viajes los hemos
hecho en familia, como en 1995 a Israel (en el momento presente ciego el país en el dramático ejercicio bélico destructor), un viaje de sumo interés para conocer,
además de toda la joven nación y sus ciudades y lugares bíblicos y hasta los
Altos del Golán en las fronteras con Siria, Líbano y Jordania, el desarrollo de
la agricultura con el sistema de riego por goteo; en 1998 Cuba, para conmemorar
en privado, con un raro recuerdo de pesadumbre y triste memoria, al mismo
tiempo que una tierra de paisajes prodigiosos, los cien años de la pérdida de las
últimas colonias del Imperio Español en 1898, recorriendo los escenarios de mayor dramatismo en las batallas frente al aparato militar naval de la reciente potencia
norteamericana o los lugares más significativos de la isla, como La Habana,
Santiago de Cuba y varios cayos y sus arrecifes de coral. Manuel siguió por su cuenta su deseo de ver
todo lo posible, atractivo o singular del mundo y, en tanto sus campos seguían cultivándose
y produciendo bajo su gestión y trabajo y el de obreros, en 2012, por ejemplo, se
trasladó a la isla del Hierro para ver los resultados de la erupción volcánica
submarina iniciada en 2011, finalizada ese mismo año, llegando hasta la
población más afectada de la Restinga.
Manuel
Villalta ha sido un emprendedor que empezó a cambiar las anticuadas y menos
rentables formas de producción agrícola en parcelas separadas, debido al
reparto entre los hijos según las leyes castellanas de las herencias familiares,
haciendo en nuestra empresa, ya familiar desde que su sobrino, mi hijo, asumió
con gusto la gestión de la actividad por decisión consensuada, concentración de
la tierra correspondiente a la explotación. De esta forma en la hacienda se
evita desplazamientos de la maquinaria con su pérdida de tiempo, combustible y
desgaste y se reúne en dos grandes fincas escasamente separadas entre sí. Su nombre, Fincas Bruneto S.L., se inscribió en aquel momento de cambio de responsabilidades en el negocio.
En
fin, la brillante trayectoria vital de Manuel, en nuestra familia, con nuestro impulso y colaboración,
trabajo y preparación incluidos, muy significativamente los de su cuñado, mi marido Antonio Morales, ha corrido paralela al desarrollo y
crecimiento de España, poniendo coraje y el aprecio y
responsabilidad que merece su maravilloso milagro, el progreso de la sociedad y el de una España fuerte, así como el de su propia autoestima.
A
mi hermano le ha llegado la muerte quizás un poco pronto, cuando nunca
queremos, pero su vida ha sido intensa, productiva, contributiva al desarrollo y disfrutada. Él supo ir
dejando en las mejores manos la profesionalidad del oficio agrícola y el valor de la tierra, las de su
sobrino formado para tan preciado trabajo en la rama ITA en la Universidad Politécnica de
Madrid, sucesivos cursos especializados y con una gran experiencia posterior durante varios años como Técnico
Agrícola en el sindicato UPA. Juntos han venido ampliando y potenciando tan
formidable bien, tan gran legado.
Desde
que, a causa de una bacteria, contrajera una enfermedad hepática que iría
avanzando su deterioro, la magnífica Sanidad Pública desde el Hospital Virgen de Altagracia de Manzanares ha retrasado durante casi
tres años el desenlace final de la muerte de mi querido hermano Manolo, Manuel
Villalta Villalta, tiempo en el que todos hemos estado a su lado facilitándole el día a día, pero la naturaleza al final cumple sus funciones.
Descanse
en Paz.
Isabel Villalta
31 de marzo de 2026